miércoles, 2 de abril de 2025

I El comportamiento constante y el cambio.

Mika Waltari escribe, en su famoso libro, Sinuhé el Egipcio, lo siguiente: "Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aún cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua [...] He visto muchos cataclismos en mi vida, pero todo está como antes y el hombre no ha cambiado. Hay también gentes que dicen que lo que ocurre nunca es semejante a lo que ocurrió; pero esto no son más que vanas palabras".

Si ahondamos en lo que señala Waltari, podemos decir que, en cierto modo, con el paso del tiempo muchas cosas son distintas, pero las cosas que son distintas, no incluyen del todo a los hombres ni a las mujeres, sino las cosas que los rodean, y por eso creo que Waltari tenía razón. No creo necesario mencionar la incontable cantidad de cosas que vivimos hoy, me refiero a eso que llamamos modernidad, porque mañana no significará nada, será solo parte de ese animal monstruoso e implacable que llamamos historia. Lo que en verdad quiero anotar aquí, es algo que surge de una pregunta eterna y compleja ¿podemos los seres humanos cambiar?

En sus Momentos Estelares de la Humanidad, Stefan Zweig nos brinda una ojeada a ciertos instantes que hacen brillar a la humanidad, por decirlo de algún modo, momentos donde la ruptura entre lo que conocemos y estamos por conocer adquiere proporciones descomunales. Como él mismo señala: “momentos de cambio absoluto”. Quizá los griegos a través de lo dicho por Heráclito lo sabían desde entonces: en la vida "nada es permanente a excepción del cambio".

Si hacemos un análisis más detallado de estas ideas, tenemos que, quizá, las trasformaciones, eso que llamamos cambio, evolución, metamorfosis, etc. es parte inherente a la condición humana, ya que a diferencia de los millones de especies que habitan en este planeta, el ser humano es la única que transforma todo lo que lo rodea, ya sea para hacer su vida más placentera, para acondicionar a sus necesidades el medio ambiente, etc. Y remarco el término, todo lo que lo rodea. En este sentido la idea expresada por medio del ejemplo tomado de Waltari es correcta,

Por otro lado sin embargo, he visto a muchos hombres y mujeres transformarse, a enfermos sanar, a sanos enfermar, lucidos perder la cordura, abandonados, adoloridos, aquejados, transformarse en otras personas, para bien o para mal, eso no importa -espero después hablar sobre el bien y el mal- lo importante es que hombres y mujeres, día a día, sufren catástrofes personales, hechos y vivencias que los transforman superficial o profundamente según el caso, pero entonces, ¿cómo es posible que todo siga siendo lo mismo, tal y como lo afirma Waltari?.

A lo largo de la vida de una persona existen eventos profundos, -ficciones diría Sábato- catástrofes interiores que transforman a una persona, aunque dicha persona no sé de cuenta. ¿Qué cosa hay más difícil sino percibirse a sí mismo?, Es entonces que ese espacio oscuro e indefinido que somos nosotros mismos quizá sea capaz de transformarse.

En el mítico templo de Delfos se encuentra la inscripción nosce te ipsum, conócete a ti mismo, que más allá de parecer lema de superación personal, es, para la gran mayoría de las personas y religiones, la dirección definitiva hacía donde se deben orientar los pasos si es que algún día se desea adquirir sabiduría o conocimiento. Conocerse a uno mismo parece una tarea imposible si todo cambia –incluyendo nosotros mismos-. Recuerdo la vez que volví a pasar por una calle de la ciudad en la que no había pasado por más de diez años, nada era como lo recordaba, ni las casas, ni los comercios, ni las luces del alumbrado público, ni los puestos de periódicos, ni nada. Que difícil resultaría conocerse a uno mismo, si las emociones, pensamientos, ideas, diálogos, creencias, etc. cambiaran de pronto como resultado de todo lo que ya señalé.

Entonces ¿cómo conocernos a nosotros mismos, si todo cambia?

Supongamos algo, supongamos que casi todo cambia, pero "algo", pase lo que pase y suceda lo que suceda permaneciera constante, como punto de partida de cada ser humano, un comportamiento que sin importar los siglos, las modas, los gustos, los horarios, las tendencias, etc. permaneciera en el centro de cada persona y dirigiera su vida. Un espacio donde se concentrara la naturaleza misma de un individuo, hombre y mujer y desde la cual, sin importar que dirección se mire, se pueda contemplar a la misma persona. Como aquella calle que desde afuera, pareciera ser otro lugar, y sin embargo, es la misma calle, el mismo espacio y lugar. Parece una idea loca, pero hablaré de ella en siguientes notas.

Prefacio

 Cierta vez, un profesor de filosofía, nos contó que la palabra metafísica surgió de un hecho que podría calificarse de cómico. Decía que Aristóteles tenía una mesa o escritorio o lo que fuere, en el que colocaba los escritos relacionados con sus observaciones acerca de la naturaleza, es decir, con los fenómenos físicos, pero aquellos que tenían que ver con el alma, la personalidad, y en general la psique y otras observaciones de la condición humanas, esos los colocaba en la parte de atrás o más alejados de los primeros, es decir "más allá de la física". Quizá esta historia no es tan real como nos la contó aquel profesor; Pero lo que sí podemos deducir es que esos 14 escritos de Aristóteles han permitido cuestionarnos nuestra esencia y naturaleza. Pensé en el título de las presentes notas como el mismo Aristóteles confeccionó sus 14 escritos, es decir, como apuntes o notas personales sobre estos temas. No es que pretenda compararme con Aristóteles, sólo que he decidido escribir mis propias notas sobre el comportamiento humano. Así pues empiezo esto con la pura intención de compartir con quienes lean, algunas anécdotas, reflexiones y apuntes sobre algunas lecturas que quizá constituyan sólo parte de una verdad efímera y difusa como todo lo que nos rodea.




I El comportamiento constante y el cambio.

Mika Waltari escribe, en su famoso libro, Sinuhé el Egipcio , lo siguiente: "Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hom...