Mika Waltari escribe, en su famoso libro, Sinuhé el Egipcio, lo siguiente: "Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aún cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua [...] He visto muchos cataclismos en mi vida, pero todo está como antes y el hombre no ha cambiado. Hay también gentes que dicen que lo que ocurre nunca es semejante a lo que ocurrió; pero esto no son más que vanas palabras".
Si ahondamos en lo que señala Waltari, podemos decir
que, en cierto modo, con el paso del tiempo muchas cosas son distintas, pero
las cosas que son distintas, no incluyen del todo a los hombres ni a las
mujeres, sino las cosas que los rodean, y por eso creo que Waltari tenía razón.
No creo necesario mencionar la incontable cantidad de cosas que vivimos hoy, me
refiero a eso que llamamos modernidad, porque mañana no significará nada, será
solo parte de ese animal monstruoso e implacable que llamamos historia. Lo que
en verdad quiero anotar aquí, es algo que surge de una pregunta eterna y
compleja ¿podemos los seres humanos cambiar?
En sus Momentos Estelares de la Humanidad, Stefan
Zweig nos brinda una ojeada a ciertos instantes que hacen brillar a la humanidad, por decirlo de algún modo, momentos donde
la ruptura entre lo que conocemos y estamos por conocer adquiere proporciones
descomunales. Como él mismo señala: “momentos
de cambio absoluto”. Quizá los griegos a través de lo dicho por Heráclito
lo sabían desde entonces: en la vida "nada
es permanente a excepción del cambio".
Si hacemos un análisis más detallado de estas ideas,
tenemos que, quizá, las trasformaciones, eso que llamamos cambio, evolución,
metamorfosis, etc. es parte inherente a la condición humana, ya que a
diferencia de los millones de especies que habitan en este planeta, el ser
humano es la única que transforma todo lo que lo rodea, ya sea para hacer su
vida más placentera, para acondicionar a sus necesidades el medio ambiente,
etc. Y remarco el término, todo lo que lo rodea. En este
sentido la idea expresada por medio del ejemplo tomado de Waltari es correcta,
Por otro lado sin embargo, he visto a muchos hombres y
mujeres transformarse, a enfermos sanar, a sanos enfermar, lucidos perder la
cordura, abandonados, adoloridos, aquejados, transformarse en otras personas,
para bien o para mal, eso no importa -espero después hablar sobre el bien y el
mal- lo importante es que hombres y mujeres, día a día, sufren catástrofes
personales, hechos y vivencias que los transforman superficial o profundamente
según el caso, pero entonces, ¿cómo es posible que todo siga siendo lo mismo,
tal y como lo afirma Waltari?.
A lo largo de la vida de una persona existen eventos
profundos, -ficciones diría Sábato- catástrofes interiores que transforman a
una persona, aunque dicha persona no sé de cuenta. ¿Qué cosa hay más difícil
sino percibirse a sí mismo?, Es entonces que ese espacio oscuro e indefinido
que somos nosotros mismos quizá sea capaz de transformarse.
En el mítico templo de Delfos se encuentra la
inscripción nosce te ipsum, conócete a ti mismo, que más allá de parecer
lema de superación personal, es, para la gran mayoría de las personas y
religiones, la dirección definitiva hacía donde se deben orientar los pasos si
es que algún día se desea adquirir sabiduría o conocimiento. Conocerse a uno
mismo parece una tarea imposible si todo cambia –incluyendo nosotros mismos-.
Recuerdo la vez que volví a pasar por una calle de la ciudad en la que no había
pasado por más de diez años, nada era como lo recordaba, ni las casas, ni los
comercios, ni las luces del alumbrado público, ni los puestos de periódicos, ni
nada. Que difícil resultaría conocerse a uno mismo, si las emociones,
pensamientos, ideas, diálogos, creencias, etc. cambiaran de pronto como
resultado de todo lo que ya señalé.
Entonces ¿cómo conocernos a nosotros mismos, si todo
cambia?
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